lunes 1 de junio de 2009

Artifariti 2008 Nuria Meseguer. II . Llegada a Tinduf.

Volvemos en nuestra caravana taxímetra al aeropuerto, dejando atrás el medievo con sabor a té suave y croissant parisino…Nos espera una eternidad según nuestro aún reloj “biológico” occidental (un suspiro para latitudes sin despertadores matutinos) que amenizamos con juegos y música…

Dos chicas saharauis nos regalan un entremés de lo que será nuestra experiencia en el Sáhara…una amorosa acogida sin necesidad de saber nombres, trabajos…solo palmas, ritmo, sonrisas, son el requisito para formar parte…

Una mezcla del picante México, aderezado con el salero andaluz y la cadencia del desierto , guisan el plato perfecto: la música, que siempre une, que nunca se hace eco de esas líneas imaginarias que alguien con mucho miedo decidió llamar “fronteras”…



Así van pasando las interminables horas, hasta que por fin llegamos a Tinduf.

Nada más aterrizar en el aeropuerto, me vienen imágenes de Lanzarote, concretamente Arrecife, la zona militar cerca del instituto “de arriba”, lleno de casas bajas blanco-terrosas, delimitadas por arcos y arbustos…

El tránsito es rápido, ya no recuerdo bien , pero desde luego hace tiempo que entró la madrugada. Nos revisan los pasaportes, quintuplésima vez que rellenamos “por qué, a dónde, para quién, cuánto tiempo” típicos de los no-lugares entre países diferentes. Esta vez nos reciben militares con turbantes.

Ojos en la noche, enmarcados por entretejido misterio de color verde, pasean de nuestras almas capturadas sobre un trozo de plástico numerado, a nuestros rostros de carne y hueso, tan agotados ya que ni siquiera dejan vislumbrar algún ápice de esa supuesta etérea sabiduría flotante…


En silencio, bajo la capa estrellada que nos cubre, rota por agujeros de luz que forman las linternas, nos vamos acercando a un inmenso camión polvoriento. Alguien inaugura este barco terrenal botando, sobre su metalizado casco, la primera mochila…Empieza por fin el trayecto por el ansiado elemento tierra.



Ojos luminosos nos siguen el fila india, obedientes a los juguetones saltos que sus dueños nos obligan a disfrutar, a pesar de las horas y los cuerpos ya machacados.

Me encanta, no quiero que en ningún bache se me escape alguna emoción… En las curvas se despliega una serpiente lumínica de más de diez 4 x 4’s.


Nos repartimos al llegar en las casas de familias del campo de refugiados “27 de Febrero”. Qué curiosa ironía, que mis pies aterricen en este campamento, cuyo nombre se debe a la fecha que conmemora la partida del último par de pies españoles que abandonan tierras saharauis, dejando paso así a ser proclamada por el Frente Polisario: la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).


2 comentarios:

Es hermoso tu escrito y mas las imágenes que acompañan tu narrativa

1 de junio de 2009 23:22  

El autor ha eliminado esta entrada.

1 de junio de 2009 23:27  

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